Las causas del descontrol
¿Qué hace que los jefes no confíen en sus empleados durante el teletrabajo? Hay varios aspectos culturales y personales que pueden explicarlo. Sánchez lo tiene claro: “En España, uno de los males que seguimos teniendo es el presentismo, que es básicamente una forma de control: solamente estás trabajando cuando estás en la oficina”, explica Sánchez.

“Ahora, con el teletrabajo, también hay una forma de presentismo digital: cuando tu jefe te convoca a todas las reuniones o te pone en copia en todos los correos (en más de los que son imprescindibles). Es una manera de pedirte más visibilidad, de querer saber dónde estás, aunque sea virtualmente. Solo parece que estés trabajando cuando te dejas ver y muestras lo que haces”, señala la psicóloga.

Además de la cultura empresarial, la personalidad de los jefes también influye en su necesidad de controlar a los empleados. “Cuando una persona es insegura necesita tenerlo todo bajo control. También cuando tiene poca tolerancia a la incertidumbre y necesita sentir que maneja la situación”, cuenta Sánchez. “Es algo recurrente entre aquellas personas que tienen lo que en psicología llamamos pensamiento único o rígido. En este caso, para que las cosas estén bien tienen que ser de una única manera: la suya. Y tienen que controlar que todos a su alrededor estén en su misma línea”.

Más allá de ser un problema individual, la cultura empresarial tiene mucho que ver con este tipo de comportamiento. “En España, la tendencia en las empresas es que el estilo más habitual de jefe sea el autoritario, que se centra más en la tarea y en los resultados que en las personas”, cuenta Sánchez. La forma de ser jefe se hereda.

Cómo afecta a los empleados
El estudio sobre el teletrabajo llevado a cabo por la Universidad Curtin también analiza la percepción de los trabajadores. Casi la mitad de ellos, el 43%, notó niveles altos de vigilancia e informó de que su supervisor evaluaba constantemente su trabajo.

Muchos también tuvieron la sensación de que su jefe no confiaba en su capacidad para realizar el trabajo. Cuando se produce esta monitorización de la actividad de los trabajadores, la motivación disminuye, lo que perjudica aún más la productividad. Esto puede hacer que la percepción del jefe de que sus empleados no están trabajando lo suficiente se acabe haciendo realidad. El jefe desconfía, intenta controlar a su equipo, ellos notan la desconfianza, se desmotivan y son menos productivos. En este caso, es la actitud del jefe la que provoca los malos resultados, no la falta de responsabilidad de los trabajadores.

“Es habitual que se entre en este círculo vicioso cuando una figura de autoridad te dice constantemente cómo tienes que hacer las cosas, está encima de ti, se impacienta o prefiere hacerlas a su manera”, cuenta Sánchez. Esto produce en los empleados incomodidad e insatisfacción. “Ante esta situación, unos reaccionan con rebeldía y otros se adaptan de forma sumisa. Ninguna de las dos respuestas es sana”.
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